Confesión de Domingo de Resurrección

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Sarah Lynne Gershon.

El Domingo de Resurrección suele ser un día de celebración. Las iglesias de todo el mundo se regocijan por la resurrección de Jesucristo, cantando canciones de la muerte derrotando a la Muerte y rompiendo el ayuno con una comida complaciente, pero no me he visto envuelta en este regocijo. Al reflexionar sobre este día, me he sentido fuertemente guiada hacia un espíritu de confesión y arrepentimiento. Debo confesarles que realmente no creo en la resurrección, no creo que la vida haya vencido a la muerte, que el amor supere el miedo o que el Espíritu de Dios pueda vencer la injusticia. Del mismo modo, sospecho que la gran mayoría de los cristianos, particularmente la mayoría occidental, tampoco creen en eso. Nuestra fe es débil, y regularmente traicionamos la fe que profesamos con nuestras vidas personales y políticas.

La Pascua es un día de celebración, pero no puedo participar en una farsa de celebración cuando tantos cristianos emiten sus votos por miedo: abrazando un sentido delirante de seguridad física en lugar de ofrecer refugio a los sirios atormentados, eligiendo una equivocada seguridad económica en lugar de camaradería con los indocumentados inmigrantes; comprometidos con la guerra, la muerte y la opresión bajo el pretexto de paz y justicia.

No tenemos fe en la resurrección. Nuestra fe está en la movilidad ascendente, en las cuentas de ahorro y las opciones bursátiles; nuestra fe está en los misiles y drones; nuestra fe está en los lazos sociales mutuamente beneficiosos, los sistemas de seguridad y en la capacidad de mantener un trabajo decente.

Esta es mi confesión, y sospecho que podría ser tuya también. No confío en la resurrección lo suficiente como para cambiar mi seguridad social, económica o física por el Reino de Dios. Daré concesiones aquí y allá, pero me gustan Ananías y Safira, continúo conteniéndome.

Este día nos invita a la reflexión seria, no a la celebración. Reflexión particularmente sobre los santos que sí tuvieron fe en la resurrección. Tomemos por ejemplo a Oscar Romero, Romero fue nombrado arzobispo de El Salvador porque su edad y seguridad social sugirieron una adhesión segura a los principios conservadores; sin embargo, cuando presenció la muerte y el sufrimiento del pueblo salvadoreño, arriesgó su posición social y su vida hablando contra su opresión. Fue asesinado el 24 de marzo de 1980 mientras daba una misa. Oscar Romero creyó en la resurrección; cuando habló de su posible muerte, dijo: “Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”.

En Semana Santa también me gusta reflexionar sobre una carta escrita por el Subcomandante Marcos, viene a la mente cada año alrededor de este tiempo, cuando escuchamos historias sobre muertos vivientes, como Lázaro y Jesús. Marcos escribió desde la perspectiva de un subcomandante insurgente muerto, Pedro, asesinado en combate el 1 de enero de 1994.

“Les decía que por esta rendija se alcanza a ver el cielo. Por ahí pasan helicópteros y aviones. Vienen y se van, diario, a veces hasta de noche. Ellos no lo saben, pero yo los veo, los veo y los vigilo. También me río. Sí, porque al final de cuentas, esos aviones y helicópteros vienen acá porque nos tienen miedo. Sí, ya sé que de por sí los muertos dan miedo, pero esos aviones y helicópteros lo que tienen miedo es de que los muertos que somos nos echemos a caminar de nuevo.

A miedo huele el aire que viene de arriba. El de abajo no. El aire de abajo huele bonito, como a que las cosas cambian, como que todo mejora y se hace más bueno. A esperanza, a eso huelo el aire de abajo. Nosotros somos de abajo. Nosotros y muchos como nosotros. Sí, ahí está la cuestión pues: en este día los muertos huelen a esperanza”.

Tengo pocas esperanzas en los muertos, y pocas esperanzas en los muertos vivientes también parece, pero siento un gran entusiasmo y una sensación de asombro en las personas que lo hacen: asombro, tristeza, esperanza y temor cuando aprendo de la vida y muerte del mártir y activista por la paz Micheal Sharp. Incredulidad cuando leo la forma en que los primeros anabaptistas y cuáqueros sufrieron voluntariamente por su fe. Humillada y animada por la imagen de Bree Newsome escalando el asta de la bandera en Carolina del Sur.

Creo que todos estamos llamados a ser santos como estos, y que la Espíritu de Dios está esperando que cada uno de nosotros participe en la esperanza y la fe que ella ofrece. También creo que el tiempo está listo para el avivamiento. Ya hay comunidades que hacen sonar el llamado: los inmigrantes que continúan trabajando y cuidando a sus amigos y familiares frente a la deportación; intrépidos transgéneros narradores de la verdad, que a pesar de una cultura de paranoia y animosidad, continúan desnudándose públicamente; y valientes mujeres negras que se resisten al perfil y al chivo expiatorio de sus hermanos y hermanas. El manto de la muerte abandona sus rostros cuando abrazan la vida de Dios,  y puedo escuchar su llamado: “despierta, oh durmiente, despierta de entre los muertos, y Cristo brillará sobre ti”. Oro para que la Espíritu así mismo nos despierte, que ella interrumpa nuestra mundana marcha de la muerte; que también encontremos fe, esperanza y valor en la Resurrección, y la voluntad para actuar como corresponde.


slgSarah Lynne Gershon vive en Bloomington.

Cristiana radical, obrera católica. Ella es mamá a tiempo completo y, a veces, terapeuta masajista. Sus pasatiempos incluyen arte de fibra, hornear y fermentar.

 

 

 

Fuente original:

https://www.jesusradicals.com/blog-archives-2005—2017/resurrection-sunday-confession

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