¿Quién mató a Jesús?

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Brian Zahnd.

Hace dos años, durante la Cuaresma, prediqué una serie de sermones que lidiaban con el horror de la cruz. ¿Por qué fue asesinado Jesús? ¿Por qué fue torturado? ¿Por qué fue crucificado? Y lo más significativo: ¿quién mató a Jesús? A lo largo de esta serie de Cuaresma, dejé en claro que Dios no mató a Jesús. Jesús fue asesinado por los principados y poderes, un término utilizado por el apóstol Pablo para describir a los muy poderosos, a los muy ricos, a los muy religiosos, a las instituciones que representan y a los espíritus que operan dentro de estas instituciones. Jesús fue ejecutado por las estructuras de poder político, económico y religioso representado por Poncio Pilato, Herodes Antipas y Caifás. En las narraciones del Evangelio vemos al gobernador romano, al rey de Judea y al sumo sacerdote actuando en concierto demoníaco para ejecutar a Jesús. Dios no mató a Jesús; la cultura humana y la civilización lo hicieron; Dios no exigió la muerte de Jesús, nosotros lo hicimos.

Estos sermones de Cuaresma sobre la cruz resultaron ser sorprendentemente populares. Descubrí que la mayoría de los cristianos se sienten profundamente aliviados al saber que el perdón de nuestros pecados no se basa en Dios matando a Jesús. La mayoría de las personas considera que es una buena noticia saber que el sacrificio de hijos no es parte del plan de Dios para salvar al mundo. Debido a la popularidad de estos sermones, un instituto bíblico me invitó a participar en un debate público sobre si Dios mató a Jesús o no, mi oponente en el debate sostuvo la teoría de Juan Calvino la cual sostiene que Dios tenía que descargar su ira sobre una víctima inocente antes de que pudiera encontrarla dentro de sí mismo para perdonar el pecado.

Entre los muchos problemas de la teoría de la cruz de Calvino, uno es que convierte a Dios en un pequeño tirano y en un monstruo moral. Castigar a los inocentes para perdonar a los culpables es una lógica monstruosa, una teología atroz y una gran distorsión de la idea de justicia. Este debate, anunciado como “The Monster God Debate” , fue grabado y, finalmente, visto miles de veces en línea, durante el año siguiente recibí muchísima correspondencia de personas de todo el mundo aliviadas de saber que el Viernes Santo no era el día en que Dios mató a su Hijo.

Lo que Jesús hizo en la cruz es mucho más misterioso y hermoso que simplemente ofrecerse como un sacrificio ritual primitivo. El sacrificio ritual puede apaciguar al dios azteca Quetzalcóatl, pero no tiene nada que ver con el Padre de Jesús. La cruz es una colisión catastrófica de violencia y perdón. La parte violenta de la cruz es enteramente humana, la parte de perdón de la cruz es enteramente divina. La naturaleza de Dios se revela en el amor, no en la violencia. La cruz romana fue un instrumento de la violencia imperial que Jesús transformó en un símbolo del amor divino.

En nuestras escrituras y credos confesamos que Cristo murió por nuestros pecados, pero esto no significa que debamos interpretar la cruz de acuerdo con un modelo económico en el que Dios tuvo que obtener el capital necesario para perdonar los pecados mediante el atroz asesinato de su Hijo. De cualquier modo, ¿cómo funcionaría esta teoría de la cruz de “pagar a Dios”? ¿Dios tuvo alguna escala de tortura que, una vez conseguida extinguiría su ira? Si Dios requirió la muerte de Jesús para perdonar, ¿tenía que ser una muerte violenta? ¿Tenía que ser por crucifixión? ¿Tenía que implicar la tortura de la flagelación romana? ¿Exigió Dios un número mínimo de latigazos que Jesús tuvo que soportar? ¿Era necesaria la corona de espinas? ¿Exigía Dios un número específico de espinas para expiar su ira? Y si dices: “¡No, eso es absurdo! Algunos de los abusos que sufrió Jesús fueron torturas innecesarias por manos de hombres crueles”. Bueno, explica cómo funciona esta división de trabajo, ¿Cuánto de la tortura de Jesús fue necesaria para satisfacer la ira de Dios y cuánto fue solo por diversión? Una teoría de la cruz que dice que fue Dios quien deseó la tortura y el asesinato de Jesús el Viernes Santo, convierte al Padre de Jesús en un monstruo cruel y sádico, una salvación por sadismo divino.

O tal vez queremos decir que no fue Dios quien exigió la muerte violenta de Jesús, sino la justicia, la justicia exigía la crucifixión de Jesús. Pero esto plantea la pregunta de ¿quién está realmente a cargo? ¿Es Dios simplemente una penúltima deidad subordinada a la diosa Justicia? ¿Debemos imaginar a Dios diciendo: “Mira, realmente me gustaría perdonarte, pero tengo que pagarle primero a la Señora Justicia y es una diosa cruel que exige la sangre de una víctima inocente a través de una muerte tortuosa” ¡No! Dios no está en deuda con la justicia retributiva.

Somos nosotros los que exigimos víctimas sacrificiales, no Dios. Somos nosotros los que insistimos en una lógica brutal que dice que Dios no puede simplemente perdonar. Somos nosotros los que inconscientemente decimos: “Dios no puede perdonar, tiene que satisfacer la justicia”, pero esto es ridículo, es una proyección de nuestra propia mezquindad sobre la grandeza de Dios. ¡Por supuesto que Dios puede simplemente perdonar! ¡Eso es el perdón! El perdón no es recibir el pago de una deuda; el perdón es la bondadosa cancelación de una deuda. En el perdón no hay pago, el perdón es gracia. La justicia de Dios no es represalia, la justicia de Dios no es un concepto abstracto donde de alguna manera el pecado solo puede ser perdonado si una víctima inocente sufre una pena suficientemente severa. En última instancia, la justicia punitiva no es justicia en absoluto, es simplemente castigo. ¡La única justicia que Dios aceptará como tal es en realidad corregir al mundo! ¡La justicia no es el castigo de un hijo flagelado como sustituto! ¡Eso es injusticia!

En la parábola del hijo pródigo, el padre no corre a la casa de los servidores para golpear a un niño a quien azota y descarga su ira antes de que pueda perdonar a su hijo. Sin embargo, la teoría de la cruz de Calvino requeriría esta horrible inserción en la parábola más hermosa de Jesús. No, en la historia del hijo pródigo, el padre soporta la pérdida y perdona a su hijo con el tesoro de su amor inagotable, Él simplemente perdona, no hay pago. La justicia como castigo es lo que el hermano mayor llama justicia, la única ira que encontramos en la parábola pertenece al hermano mayor parecido a un fariseo, no al padre parecido a Dios. La justicia como la restauración de la relación es lo que el padre llama justicia. El sacrificio ritual de una víctima sustituta no tiene nada que ver con la justicia de Dios. El sacrificio ritual tiene sus oscuros orígenes en el mecanismo del chivo expiatorio, donde la tribu extingue el peligro de la violencia de todos contra todos al matar a una sola víctima. El sacrificio ritual no se origina en el corazón de Dios, se origina en el corazón violento de la humanidad.

En la historia más temprana de Israel, la Ley de Moisés requería sacrificios de sangre para la remisión de los pecados, pero esta idea fue cuestionada más tarde por los profetas. Seiscientos años después de que Moisés dio la Ley sobre el sacrificio ritual, David dijo:

“Sacrificio y ofrenda no te agrada…  Holocausto y expiación no has demandado”. (Salmo 40:6)

Oseas dice que Dios desea “amor constante y no sacrificio” (Oseas 6:6)

Por eso el escritor de Hebreos dice:

“De hecho, bajo la ley, casi todo se purifica con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdón de los pecados” (Hebreos 9:22), pero luego continúa diciendo:

“Por lo cual, cuando Cristo vino al mundo, dijo:
‘Sacrificios y ofrendas no has deseado,
mas me preparaste cuerpo.
Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron.
Entonces dije:
“Mira, Dios, he venido a hacer tu voluntad, oh Dios”
(Como en el rollo del libro está escrito de mí).

Cuando él dijo más arriba:
“No has deseado ni te has complacido en sacrificios y ofrendas, ni en holocaustos ni en ofrendas por el pecado”
(estos se ofrecen de acuerdo con la ley),
luego él añadió:
“Mira, he venido a hacer tu voluntad”.
Él suprime lo primero para establecer lo segundo”.
(Hebreos 10:5–9)

En otras palabras, los salmistas, los profetas y el escritor de Hebreos llegan a comprender que Dios suprime el sacrificio ritual primitivo para establecer que en realidad hacer la voluntad de Dios es justicia. Esto es lo que vemos en la vida de Jesús.

Jesús fue fiel en encarnar la voluntad de Dios hasta el punto de derramar sangre mientras perdonaba a los pecadores. Jesús no derramó su sangre para pagar a Dios en forma de un sacrificio ritual, eso no es lo que Dios quería. Jesús derramó su sangre en fiel obediencia a la voluntad de su Padre, demostrando el perdón divino… ¡incluso cuando fue crucificado! Como Jesús les dijo a los fariseos obsesionados con el sacrificio: “Vayan y aprendan lo que esto significa: ‘¡Deseo misericordia, no sacrificio!’” (Mateo 9:13)

Dios desea vidas marcadas por la misericordia, no el sacrificio de víctimas. La muerte de Jesús no fue un sacrificio ritual de apaciguamiento, sino la demostración suprema de la misericordia de Dios. ¡Jesús no derramó su sangre para comprar el perdón de Dios, Jesús derramó su sangre para encarnar el perdón de Dios!

BZ

(La obra de arte es Study for Crucifixion por Graham Sutherland, 1947)

Fuente original:

https://brianzahnd.com/2016/03/who-killed-jesus/

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