La política de Jesús, parte 2

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Greg Boyd.

Estamos llamados a preservar la singularidad radical del reino, incluso en medio de tiempos políticamente agitados. Esto, después de todo, es lo que Jesús hizo cuando se involucró en el mundo del primer siglo con un tipo diferente de política (ver post). Para apreciar la importancia de preservar esta distinción debemos comprender que el mundo judío en el que nació Jesús era un semillero político, había una constante fricción política y cultural entre los gobernantes romanos y sus súbditos judíos. Casi todos los judíos despreciaban el hecho de que ellos, “el verdadero pueblo de Dios”, fueran gobernados tiránicamente por paganos inmorales; la mayoría de los judíos anhelaban un mesías político, como el rey David, quien restauraría la gloria de Israel mediante la fuerza militar.

Al mismo tiempo, los judíos del primer siglo estaban profundamente divididos sobre cómo responder a la situación política. En un extremo estaban los zelotes que creían que los judíos debían tomar las armas contra los romanos, confiando en que Dios intervendría en su favor, en el otro extremo estaban los “conservadores” que pensaron que era mejor no hacer disturbios sino cooperar con los romanos en la mayor medida posible, en medio de estos extremos la gente tomó todo tipo de posiciones diferentes sobre diversas cuestiones políticas.

¿Deberían los judíos obedecer las leyes romanas, y de ser así, cuáles? ¿Deberían pagar impuestos al César? ¿Deberían luchar en el ejército romano? ¿Deberían rendir homenaje a las estatuas de los emperadores romanos? ¿Deberían ser educados a la manera romana? ¿Deberían participar en las fiestas nacionales romanas? La lista de preguntas relacionadas con la política era casi interminable.

Cuando Jesús apareció en escena muchos trataron de que sopesara estos temas, esperaban un mesías político que respondiera sus preguntas, que resolviera sus problemas y los librara del gobierno romano, pero Jesús no hizo nada de esto.

Jesús no vino a darnos la respuesta cristiana a los muchos dilemas sociopolíticos del mundo, y no vino a anunciar una versión nueva y mejorada del reino de este mundo. Su agenda era mucho más radical, Jesús vino a marcar el comienzo de un reino alternativo; no vino a dar soluciones, modificar regulaciones externas ni obligar a un mejor comportamiento, más bien vino a transformar vidas de adentro hacia afuera, ganando personas al reinado del amor soberano de Dios.

La misión de Jesús no era mejorar lo viejo; su misión (y la misión que dio a sus discípulos) fue encarnar lo nuevo, una forma completamente nueva de vivir; la vida vivida dentro del reino de Dios; la vida centrada en Dios como la única fuente de seguridad, valor y significado; la vida vivida libre del miedo autoprotector; y vida manifestada en un servicio para los demás, similar al Calvario. Su promesa es que a medida que sus discípulos manifiesten la belleza y el poder singulares de esta vida, crecerá lenta y discretamente, como una semilla de mostaza, y crecerá en el jardín.

 

—Adaptado de The Myth of a Christian Nation, páginas 57-60.

Foto a través de Visualhunt

Fuente original:

https://reknew.org/2016/10/politics-jesus-part-2/

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Eleazar Rengifo dice:

    Excelente, me encantó , que el señor te bendiga

    Le gusta a 1 persona

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